Si bien no te cuento todo de mi vida, me gusta compartir contigo los momentos que sirvieron de aprendizaje, para que veas que no soy egoísta. En fin, por si no era obvio, llevo ya un tiempo en una relación estable y fascinante.

En una de esas conversaciones profundas que uno tiene cuando está enamorado, el joven en cuestión dejó entrever su interés en ser mi señor Random, y como tú comprenderás, todas mis alertas se activaron. ¿Quiero lo mismo? ¿Es él el indicado? ¿Estoy lista para esto? Y muchas preguntas más. No te voy a dar mi respuesta final pero si voy a compartir contigo lo que me ayudó a decidir.

La misma fe y los mismos principios

O la falta de una misma fe. Lo importante es que tú no le pongas velas a San Benito y él a su libro de filosofía. «ay, pero Ana, hay muchas relaciones interreligiosas», y es cierto, pero yo necesito mirar al mismo horizonte en temas de fe. No quiero perder momentos lindos en nuestra vida discutiendo si su religión o la mía es mejor, y sobre qué le vamos a enseñar a nuestros hijos.

Cuando hablamos de valores no es sólo ser honestos y saber saludar. También incluye la posición frente a muchos temas controversiales como el aborto, la unción civil y más. Soy del equipo de que los opuestos se atraen y se complementan pero también soy del equipo de que si no compartimos los mismos pensamientos en ciertas cosas, nos vamos a sacar los ojos al final.

Responsabilidades compartidas

Mi eterna lucha es entre ser esta mujer feminista empoderada que va conquistando metas en el campo laboral o quedarme en casa horneando kekes de plátano y ordenando la casa. Yo quiero un hombre que apoye que ambas o solo una opción está bien. Que si quiero salir al mundo a trabajar, compartiremos la carga del hogar, y que si me quedo en casa, ese será mi reino para administrarlo bien. No podría pasar mi vida al lado de alguien que crea que mi realización es lo uno o lo otro o alguna idea que él tenga en mente. Yo soy mi propia persona y tiene que amarme así.

Y así como soy mi propia persona, soy su complemento y él es mío. Si no estoy dispuesta a cargar con algunas de sus responsabilidades como él está dispuesto a cargar con algunas de las mías, entonces el matrimonio no es el viaje que debemos hacer juntos. Casarte con alguien es compartir con esa persona todo. Por algo existe el privilegio conyugal en los juicios.

Tus sueños, mis sueños, nuestros sueños

Te lo he dicho hasta el cansancio, tú y tus sueños vienen primero. Un matrimonio es la suma de sueños que ambas partes tienen. Si él no es capaz de ponerse la camiseta por tus anhelos y tú tampoco por los suyos, no son la pareja ideal. Fin.

Tienes que casarte con alguien que aunque no entienda tus sueños, los ame como tú. Que si no sabe como luchar con ellos, al menos esté en tu esquina pasándote el agua y secándote el sudor. Quizá tampoco entiendes los sueños de tu pareja, pero casarte con esa persona significa que vas a luchar por ellos como si fueran tuyos.

Los sueños abarcan muchos aspectos, desde cuántos hijos nos gustaría tener, hasta en qué queremos invertir nuestros ahorros. Incluye el plan de vivir en el extranjero un tiempo, de conseguir otro grado académico. Para esto se necesita mucho una comunicación sana y constante. Que los canales estén siempre abiertos, que haya libertad de hablar, de compartir, de soñar juntos.

Felicidad y estabilidad independiente

Cásate con alguien que presente o ausente no tengan una influencia directa en tu felicidad. Resuelve todos tus dramas internos y externos para encontrar tu propia felicidad antes de entrar en una vida compartida. Lo que hoy aún no resuelves, años más tarde irá por ti.

Por ejemplo, vivir sola, una forma de descubrir si realmente eres feliz por tu lado y si sabes ser independiente. Como hijita de papá (ni me voy a gastar en negarlo), un año viviendo sola me enseñaron que era capaz de construir y mantener mi propia felicidad mientras mantenía mi pequeña cueva en su mejor presentación.

Quizá me tomó un par de años, pero aprendí a ser feliz con quien yo era. Los que entran a mi vida suman, pero nunca restan. ¿Eres feliz contigo misma o estás condicionando tu estado emocional a la persona que te acompaña?

Ama a la persona como es hoy, no cómo te gustaría o piensas que será en el futuro

Las mujeres, quizá más que los hombres, tendemos a proyectar todas las cosas que mejoraríamos o cambiaríamos en nuestra pareja. Su forma de vestir, de hablar. Qué cosas come. Con quiénes se junta, qué quiere en la vida y demás aspectos.

Si te quieres casar, tienes que amar a tu pareja tal y como es. Así con ese detalle de dejar la puerta del baño abierta, y el detalle de andar posponiendo todo en la vida. NO VA A CAMBIAR. Así le des amor intenso todos los días, así lo hagas por él/ella, no va a cambiar. Y si cambia, será temporal y por obligación, no de manera sincera.

Otro punto que entra aquí es la familia, a muchos no les gusta el dicho de que «también te casas con la familia», pero si hoy no soportas a tu futura suegra, menos la vas a soportar cuando quiera visitar a sus nietos y a largo plazo generará conflictos maritales. La relación que tu pareja tiene con su familia seguirá así siempre, y si hoy no te gusta la dinámica, menos te va a gustar cuando tengas que ir todos los años a la cena navideña. Ojito ojito.


Probablemente se me están pasando algunos puntos, pero experta no soy. Se me presentó una pregunta, y como la buena investigadora y relacionista pública que soy, me metí un planeamiento intenso, con mi FODA y demás, para dar como resultado lo previamente expuesto. Si se te ocurren más cosas, bienvenido sea.

Ahora, si ya diste tu mano, pero lo previo te ha hecho dudar, o ciertas condiciones cambiaron, siempre puedes pedirla de vuelta. Eres dueña de tu mano y de tu futuro, ningún hombre puede alterar eso, por más lindo que sea.

Si bien este artículo aplica para ambos, este último párrafo es para ti mujer. Si ya dijiste que quieres caminar al altar con ese alguien, pero en la preparación te diste cuenta que nada que ver, ERES LIBRE DE IRTE. Un anillo de compromiso no te convierte en su propiedad.

Si mañana vas a dar el si, eres libre de cancelarlo todo, pero mándame los bocaditos para regalarlos en el fanpage. Y si lees esto, ya habías dado el sí, y estás dentro del matrimonio, también puedes irte. El documento que firmaste no es una sentencia, es un acuerdo, y los acuerdos se rompen si una de las partes ya no está satisfecha.

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