Estar encerrado en casa realmente no es un suplicio si sabes que tu situación financiera está en orden, que tienes la posibilidad de seguir generando ingresos desde la comodidad de tu sala y como premio logras pasar tiempo con tu gente, o si vives solo, tienes tiempo de calidad contigo mismo. Estar en cuarentena no es fácil cuando dependes del día a día y aun si logras burlar la seguridad policial y militar, es muy probable que vuelvas a casa con las manos vacías porque no hay a quien venderle tu producto.

Hace menos de un mes intentaba juntarme con Enzo, quien rediseñó mi logo y le dije que no tenía vida porque entre mis múltiples responsabilidades llegaba a casa molida y a seguir trabajando. Hace un par de días me hizo recordar esa escena y me dijo: ahora ya tienes tiempo. Y si bien ahora tengo tiempo para varias cosas, entre mis momentos muertos me he puesto a pensar en 4 personas que eran personajes secundarios de mi rutina diaria, pero que ahora me tienen preocupada.

No son gerentes de empresas, tampoco personas en la planilla de alguna organización que les brinda estabilidad financiera. No las encontrarán en la lista de quienes recibirán un apoyo de 380 soles por parte del gobierno, y quizá no tienen acceso a retirar parte de sus fondos AFP, y mucho menos de la CTS. Pienso en ellos y me doy cuenta que no me sé sus nombres ni sus historias, aún así, han sido parte de mi vida por los últimos 10 meses y necesito volver a verlos para saber que están bien.

En quienes pienso hoy

Pienso en la señora que me vende mi jugo de naranja recién exprimido. Cuando dejé de comprarlo me dio un resfriado intenso y prometí no dejar de comprarle. Aún cuando tomaba desayuno en otro lado, siempre iba por mi botella y la tomaba durante el día. Pienso en el día que NO vino a vender y al día siguiente le reclamé su ausencia y me dijo que tenía que pagar unas cosas y como vive sola, tiene que hacerlo ella. Pienso en el día que le compré toda apurada y me detuvo porque se dio cuenta que iba en la decisión contraria a mi oficina, ya conoce mi ruta.

En la oficina sabían donde compro el jugo de naranja, y me lo regalaron alguna vez como sorpresa

Pienso en el señor de mis desayunos, en que la semana antes de la cuarentena nos regaló el desayuno a mi amiga y a mi porque ella le estaba ayudando con la licencia de su local. Los beneficios de andar con gente importante. Pienso en él, porque ajustó su menú al pan con jamón y queso que nosotras queríamos y porque siempre me daba café con leche que tenía más el segundo que el primero. Pienso en que quizá el domingo en la noche estaba preparando todas sus cosas para llevar el desayuno al día siguiente, declararon Estado de Emergencia y se vio con cientos de panes, Quaker, maca, quinoa, café, ni un sol en el bolsillo, y personal de trabajo que le iba a pedir dinero.

Pienso en las caseras donde almorzamos con mis amigas casi todos los días. Su trato no es el más dulce, pero su sazón aguanta todo. Pienso que cuando comenzó el verano agregó al menú marcianos y por eso me resfrié. Pienso en que una semana antes de la cuarentena le dije a la mesera que así como invirtieron en pintar el local deberían ponerse un ventilador (me estaba muriendo de calor) y me dijo: ¿y si usted es la madrina y lo pone? Ambas nos reímos pero yo sé que ella iba en serio. Pienso en que siempre como el mismo plato: milanesa con ensalada rusa, y algunas veces lo cambio por tallarines verdes con bistec o hígado frito. Pienso en que un día se les acabó la milanesa antes que yo llegara y todos querían ver mi reacción porque soy una mujer de hábitos y quería ese plato.

Y sobretodo, pienso mucho en Chato, el perro que está siempre acompañando a la seño de la esquina en su puestito. No sé dónde vive ninguno de los dos, sé que no viven juntos. Chato siempre llega luego que ella ha instalado su puesto móvil, ella le trae comida y le pone también un plato de agua. Nadie le ha explicado a Chato porque la seño no viene, Chato no sabe lo que está pasando. Chato no sabe por qué ya no hay un mar de gente caminando por las calles del Centro de Lima, no sabe por qué no está su amiga que le daba comida, o por qué no estoy yo o mis compañeros de trabajo comprándole cosas a la seño. Ojalá tuviera una foto para mostrarte sus orejas puntiagudas, su cuerpo de perro salchicha pero su actitud de un golden bonachón. Chato no entiende nada.


Si no te quieres quedar en casa por tu familia, por tu propia vida o por la de tus amigos, por favor, quédate en casa por Chato, porque extraña a la seño del carrito y porque nos extraña a nosotros, los transeúntes de la cuadra que le dábamos cariño. Por favor, quédate en casa por el Chato.

Cerrar menú