Sobre Shamir

Shamir llegó al mundo hace exactamente 10 años, 2 meses después de su nacimiento terminaría en la cochera de la casa que vivíamos en aquel entonces. Lo trajimos de un criadero en las afueras de Lima, sí, pagamos por él y fue la mejor inversión que mis padres hicieron para mi época de adolescente.

Los meses más difíciles de Shamir en mi vida fueron los que estuve fuera, verlo a través de una pantalla y escucharlo gemir porque reconocía mi voz pero no me ubicaba físicamente en la sala. Recuerdo antes de irme una compañera de mi entonces trabajo me dijo que me olvidaría, pero no fue así. Al volver nos reencontramos en las escaleras de mi casa, me miró por unos segundos y se me lanzó encima como siempre. Esa noche durmió entre mis piernas como lo ha hecho desde que mamá y papá aceptaron que viviera entre nosotros.

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Las cosas como son, ningún pretendiente es digno si no ama a Shamir

Shamir no sabe ningún truco para impresionar, solo sabe sentarse y a veces rodar si se lo repites un montón de veces. Shamir no tiene muchos números artísticos pero saltará por los aires con estilo por un poco de comida y dormirá en poses raras para hacerte suspirar.

Cuando hace 4 años bajé las escaleras con estilo y me rompí el tobillo, recuerdo tenerlo en mi cuello lamiéndome, sabía que algo había pasado pero al no entender solo se encargaba de hacerme reír para que pudiera ignorar el dolor. Cuando mamá estuvo en cama por cáncer, él era ese felpudo que siempre encontrabas al lado de su cama, en realidad ellos tienen una extraña relación, típica de un perro faldero enamorado.

Shamir tiene un no sé qué que nos vuelve locos a todos, hasta mi papá ya parece abuelo bonachón de lo tanto que lo engríe. A veces mamá se molesta y amenaza con mandar a Shamir a la casa de otra persona, pero todos sabemos que este peludo llegó para quedarse. Si Shamir pudiera leer, probablemente sería mi lector más fiel, y quizá todos mis artículos serían dirigidos para él.

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Shamir es felicidad

Dice el internet que los cockers spaniel viven entre 12 a 15 años, y como su veterinaria dijo en su último baño que tiene la vitalidad de un can de 3 años, a Shamir le quedan como 10 años más dejando pelos por donde vaya, comiendo todo lo que encuentre y sobre todo, acurrucándose entre mis piernas al llegar la noche.

¡Feliz década, Shamir Ozer!

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