Domingo 02/02: Auschwitz

Polonia es un país de Europa del este que no solo guarda cultura y tradición, sino que también fue testigo de unos de los genocidios más grandes e importantes en el mundo. A inicios de 1941 Hitler, a través del movimiento nazi, comienza su proyecto de exterminación de los judíos. Comenzó por apartarlos de la sociedad, en los guetos, para luego llevarlos a los campos de concentración.

Auschwitz, situado en Oświęcim a unos 43 km al oeste de Cracovia, fue el mayor centro de concentración para el exterminio de minorías, entre ellos un gran porcentaje de judíos y en menor cantidad: gitanos, discapacitados, homosexuales, entre otros. Este centro estaba dividido en 3 partes: Auschwitz 1, Auschwitz 2 – Birkenau y Auschwitz 3 – Monowitz. Hoy voy a contarte un poco de los dos primeros, mi único consejo es que agarres un pañuelo y hayas comido algo previamente porque muchas de estas cosas te parecerán infrahumanas y no entenderás cómo dejamos que ocurriera.

En este edificio tenían a la banda musical que acompañaba a los prisioneros cuando marchaban o hacían sus trabajos. La banda también estaba conformada por prisioneros, pero que tenían algún talento musical. En las afueras de este edificio colgaban los cuerpos de los que intentaban escapar.

Los judíos eran llevados a los campos de concentración bajo la promesa de una nueva vida y trabajo estable, poco sospechaban que estaban dirigiéndose al final de sus días. Al bajar de los trenes eran separados en dos grandes grupos, aquellos que estaban aptos para trabajar al instante y aquellos que necesitaban un baño. Los primeros pasaban automáticamente a ser prisioneros y los segundos iban a las cámaras de gas. Estas estaban falsamente ambientadas para dar la idea de duchas comunes, una vez dentro, las puertas eran cerradas por fuera y luego se les esparcía zyklon B, un pesticida que los mataba casi al instante. Posterior a esto, militantes nazis, o a veces los mismos prisioneros, debían revisar los cuerpos buscando por joyas y dientes de oro.

Los que llegaban a los campos de concentración nunca más verían sus pertenencias que con tanto empeño y cuidado habían guardado en sus diferentes maletas. Los alemanes revisaban todo y se quedaban con los objetos de valor: relojes, joyas, cerámicas, libros, etc. Dejaron de lado cosas como ropa y juguetes, y estos talit que si bien no tienen un valor económico, son los mantos de oración del pueblo judío, su valor emocional y espiritual es invaluable.

Algunas mujeres no eran seleccionadas como prisioneras ni enviadas a las duchas, sino iban directamente a este bloque, conformado por 9 edificios más, donde se hacían diferentes experimentos en sus cuerpos. Eran usadas como conejillo de india para pruebas de esterilización, ya que la raza judía servía como mano de obra barata, así que querían conservarla en una cantidad manejable. Algunas murieron en el proceso, y otras eran asesinadas para autopsias experimentales. Todo este proyecto estuvo a cargo del Dr. Carl Clauberg.

Los nazis intentaron borrar sus huellas cuando se dieron cuenta que iban a perder. Estos son los restos de un crematorio donde podían quemar hasta 800 mil personas por día y luego echar sus cenizas al campo, aunque como los nazis no desperdiciaban nada, algunas veces lo usaban como compost para sus cultivos o para hacer las calles menos resbalosas en época de lluvias.

Si las mujeres no estaban siendo utilizadas para extraños experimentos, eran enviadas a la cocina o a diferentes quehaceres donde eran tratadas de lo peor. Les rapaban el cabello y quitaban su feminidad diariamente. Pasaban las noches en estas “camas”, sin abrigos ni comodidades. Si no cumplían con sus deberes eran enviadas al patio trasero de este lugar, invierno o verano debían esperar el momento de su muerte.

Hay muchos intelectuales y/o personas importantes que están intentando negar el impacto del holocausto y su verdadero objetivo. Las cosas como son, Hitler y compañía querían eliminar a la raza judía y minorías que podían alterar su raza “perfecta”.

Como te lo dije hace unas líneas, los prisioneros eran despojados de todo. Hasta de sus zapatos. A mí me encantan los zapatos y me encanta caminar. Los campos de concentración no eran de asfalto y muchos menos alfombrados. Imagínate caminar por horas ahí para ser explotado tal cual un esclavo. Los zapatos están hechos para proteger tus pies y llevarte lejos, a los que pasaron por Auschwitz les quitaron ese privilegio para siempre.

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, y es que es muy fácil olvidar, sobretodo si no lo viviste en carne propia o por alguien cercano a ti, pero los monumentos y recordatorios están y no podemos pasarlos por alto. Hoy hay una nueva ola creciente de antisemitismo y está en nosotros el evitar que agarre fuerza e impacte vidas nuevamente.

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