Domingo 24/6: Ágreda Marchena et al.

Eyvi no pudo ver el mundial. Se supone que como cualquier otra peruana, ella debió estar sentada en casa o en un bar, hinchando por la blanquirroja. Se supone que si iba a hacer un segundo artículo relacionado a Eyvi sería para contar cómo iba mejorando y cómo la justicia estaba de su lado, pero resulta que escribo estas líneas dándole vueltas al recuerdo que ella no sobrevivió, que ni siquiera supo realmente lo que le pasó y que aún hay personas ahí afuera que de maneras poco elegantes y cuerdas buscan justificar lo que le sucedió.

Ahora que en la maestría me dedico a escribir ensayos y propuestas de investigación, el estilo APA se ha vuelto parte de mi. “Et al.” es un término que se utiliza generalmente para indicar “y otros” colaboradores en la autoría de diferentes artículos/libros. Eyvi junto con Sara, Ana, Dani, María Elena, entre otras, han sido obligadas a escribir una historia que no querían pero que tiene que servirnos a nosotros, para citarlas tanto como podamos, para que sus nombres no sean borrados en vano, para que con ellas se escriba algo nuevo.

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Y esta cuenta aumenta conforme pasan los días.

No tengo ningún tipo de relación con Eyvi o con cualquiera de las mujeres en esta lista, pero a veces cuando mi prima se demora en responderme un mensaje, o cuando mi mamá o mi tía no contestan mis llamadas y sé que están en la calle, no puedo evitar preocuparme por ellas.

Vivo en el único país del Medio Oriente donde ser mujer no es una vulnerabilidad, por el contrario, es un fortaleza del país. Vuelvo a casa en 3 meses, a caminar por Lima conquistando mis sueños. No sé si voy a tener hijas, y si las tengo no sé si será en Perú o en Marte, pero ya hay una nueva generación en crecimiento y no le estamos entregando lo mejor de nosotros.

Como muestra un botón: Hace poco fui a un concierto con una amiga y su enamorado. A la mitad de la noche él se fue a buscar algo de tomar y nos quedamos las dos cantando y bailando, mi instinto de protección de activó temiendo que un chico intentara algo, pero fue fascinante ver cómo teníamos nuestra burbuja para sentirnos libres. En algún momento un chico que también cantaba y bailaba chocó con nosotros y volteó a disculparse. Esa sensación de respeto hacia la mujer – hacia el otro – es algo a lo que todo país debería apuntar.

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Eyvi et al. no merecían morir, merecían seguir avanzando en sus vidas, como madres, como hijas, como estudiantes, como profesionales, como lo que les viniera en gana. Ellas deberían estar aquí. Vivas nos queremos. Vivas nos necesitamos.

Es hora de escribir una nueva historia, donde el marco teórico esté basado en Eyvi et al. Donde la sección de conclusiones y recomendaciones tenga como única fuente a los que nos quedamos. A los que nos hemos indignado y tomado la decisión de ser el cambio.

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