Carta a mi abuelo

Tatita,

No recuerdo cómo o por qué te digo tatita, pero sé que tú y la abuela, eran mis tatas, y no conocía otra forma de llamarlos. Te escribo estas líneas porque hoy se cumple un año desde que tus ojos dejaron de mirarme, han pasado 365 días desde la última vez que tomé tu mano y te dije mis cosas.

Tatita, cada día te extraño de la misma manera, no más ni menos, sino con la misma intensidad. El tiempo no reduce las memorias. Hay muchas cosas que me quedaron pendientes de decirte, y otro montón de cosas que sucedieron mientras en ese hospital hacían todo para mantenerte conmigo, con nosotros.

¿Sabías que me titulé? Iba en las mañanas a tomar desayuno contigo, y al salir recogía mis correcciones de tesis para terminarla pronto. Aún guardo tu invitación para mi graduación, fue un mes y medio antes que te fueras a encontrar con tu amada, mi tatita.

Sé que probablemente te fuiste pensando que no valoré todo el tiempo que pasamos juntos, pero guardo cada cosa que vivimos. Lo repetiría todo si me dieran la opción de tenerte de vuelta. Gracias por acompañar mi educación, por enseñarme que las niñas no nacimos para ser trofeo, sino para poner en uso el cerebro que nos vino.

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La última vez que tuvimos una conversación fluida fue sobre política, las votaciones son pronto, y aún no sé por quién votar, y sé que tú irías a hacerlo, a pesar que la ley dice que ya no es necesario. Cuando veo los crucigramas recuerdo las muchas veces que los llenamos juntos, como te volviste un experto en el tema. Culpo a Perú21 y El Comercio por nunca hacerte ganar, siempre quise darte yo el dinero, te fuiste antes de que ganara mi primer sueldo.

Tatita, la vida pasa, y tú no estás aquí, para quejarte de la sociedad e intentar enseñarme una vez más todo sobre las matemáticas. No estarás en mi boda, si algún día me caso. No verás a todos tus nietos recibirse como profesionales, pero te prometo algo, cada uno de nosotros 7, somos tu legado, y gran parte de quién somos es producto de lo que tú y la abuela hicieron en y por nosotros.

Bonito, a ti y a mí nos queda pendiente una partida de ajedrez, y no te preocupes, que guardé tu tablero y fichas, porque mi vida con la tuya, se resumirán siempre en un jaque mate bien planeado.

Te extraño, igual que desde el día en que partiste a la presencia de Dios. Te amo, tanto como tú me amaste a mi.

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